Google+ Taller de Escritura Creativa de Sevilla: noviembre 2013

El nudo, Noemí Vallecillos

Me estoy anticipando, pero es que lo conozco, y da igual que me anticipe. Total, no voy a poder cambiar nada de lo que pase ahora. Sólo puedo esperar. Puedo esperar o irme. También puedo irme, ¿verdad? Puedo irme o puedo engañarme pensando que puedo irme. Pero no puedo. ¿Y si me tomo algo para dormir? Cuando él venga estaré dormida. Por lo menos habré dormido algo. Estaré tranquila, pero no podré evitar nada. Por mucho que intente planear no podré evitarlo. Sólo puedo esperar. No puedo irme. Ya sé, voy a borrar el mensaje de mi jefe del móvil. Eso de que está muy contento con mis ventas guapa, es una provocación. Seguro que hoy me parte el móvil. Lo borro y ya está. Ya está, borrado. ¿Qué más? ¿Qué más puedo hacer? He fumado mucho. No se va a creer que me lo he fumado yo sola, va a pensar que ha estado alguien aquí. Mejor que vacíe el cenicero y meta las colillas al fondo de la basura por si se pone a rebuscar. Vale, dejo unas cuantas en el cenicero, si no va a pensar que acabo de llegar y que dónde he estado. ¿Dónde estará él? Cabrón, seguro que estás currándote a la camarera del Habanilla. Debería guardar mi portátil en su maletín, si lo ve por aquí en medio me lo parte. Mejor me tomo un myolastán para estar tranquila, así duermo unas horas hasta que venga y no me voy al trabajo sin dormir. Pero claro, si me lo tomo, mañana estaré muerta en el trabajo. Mañana estaré muerta. Vendrá a las cuatro o a las cinco de la mañana. Mínimo dos horas de bronca. Me despertará quién sabe cómo. Puede sentarse en la cama y empujarme de un manotazo para que vea que se ha rajado los brazos con una cuchilla. Yo me despertaré sobresaltada y aturdida por el myolastán, deseando que le de un mareo para que se quede dormido. Le sujetaré las manos para que no se corte y empezará la pelea. Un empujón o un bofetón primero. Puede arrancarme las bragas para ver si he estado con alguien. Podría quedarme como muerta, sin hacer nada, convertirme en el pellejo abandonado de una serpiente. Le estará pasando a otra. Pero entonces él pensará que paso de todo, que paso de él, que no me preocupo, que él está mal. Que yo ya tengo otro al que quiero follarme. Que por eso paso. Puede destrozarme el traje chaqueta para que no vaya a trabajar, o tirarme mis cosas por la ventana y sacarme a la calle en pijama, y entonces qué, ya no sé qué más inventarme en el trabajo. Estaré a las seis de la mañana en la calle en pijama, sin dinero, sin nada. Mejor será que no me quite el rímel. Voy a comerme el myolastán, necesito calmarme. También podría irme a casa de Nuria y Alberto. Me cojo las cosas del trabajo y me planto allí. Nuria me dirá que desconecte el móvil, porque cuando vuelva a casa empezará a llamar y mandar mensajes. Eres una zorra, dónde estás. Ya sabía yo quién eras tú, eres muy zorra Mara. Dónde estás, ¿eh? Te estás follando a otro. Ésa eres tú. Mierda de tía, voy a buscarte. Dime dónde estás. Mira que tiro a tu perra por la ventana. Te vas a cagar cuando te vea, zorra. Me estoy follando a otra, ven y escúchalo. Se oye en toda la calle la que estamos liando. Por aquí no vuelvas más zorra. Olvídate de tus cosas. Anda ven, ven y mira que te lo he tirado todo por la ventana. Tu ropa está en la calle. Los pantalones con los que te has follado a otros Por aquí no vuelvas puta. Dónde estás. Dime dónde estás que voy. Dame las llaves de mi casa, dónde estás, tráemelas y te vas que no quiero verte más pedazo de hija de puta. Dame mis llaves cabrona. Ya te quiero ver aquí. Y como se presente en casa de Nuria ya va a tener ella movida con Alberto por mi culpa. Porque claro, porque no se puede meter a los demás en marrones. Yo vuelvo con él y yo me la mamo, ¿no Nuria? Yo me puedo quedar en tu casa el tiempo que quiera pero no le cojo el móvil ni una puta vez más, ¿verdad? Nada de estar yendo y viniendo con una mochilita improvisada. Tengo que tomar una decisión. No puedo irme Nuria. No tengo credibilidad, ya lo sé. No puedo irme, no quiero perderlo Nuria. Nuria, no me dejes por favor. Yo no molesto, me meto en el cuarto y mañana hablo con él tranquila. Mañana se despertará depresivo y lo abrazaré. Nuria, no puedo irme, ¿no me entiendes?, tú eres mi amiga. Nuria por favor. Estoy agotada, desde que ha vuelto a meterse no duermo más de tres horas al día. No puedo más. Tello para ya. No puedo irme Tello, no puedo, quiero estar contigo. Si me voy a los dos días tendrás a otra aquí, disfrutando de tus atenciones. Porque soy muy poquita cosa para ti. Soy una cría Tello. Te quiero, quiero estar contigo. Si hoy me pegas mañana me cuidarás. Mañana y quizá dos días más. Te sentirás culpable, me demostrarás que no eres un puto psicópata. Me dirás que te vuelves a quitar, que ya no te metes, y estarás así tres días. Tres preciosos días en los que me cuidarás. Me harás mi zumito de naranja por la mañana, me llevarás y me recogerás del trabajo, follaremos dos horas seguidas, hablaremos hasta las seis de la mañana, me mandarás mensajes diciéndome que soy lo mejor que te ha pasado. Me llamarás para decirme que has ido a este sitio o al otro y sólo te has pedido una cerveza sin. Por la noche no saldrás y me harás la cenita. Prepararás carrillada con puré de manzana, beberemos mosto sin alcohol, nuestros porritos. Nuestros pies anudándose en el sofá. Te la sacarás y te la comeré. Serás un mástil inmovible en la tormenta. Me traerás del chino un euro de gominolas. Quiero estar contigo, eres mi familia Tello. No hay nada después de ti. No puedo irme cariño. Soy mejor de lo que ves. De verdad. No te voy a dejar nunca, no puedo ni mirar a otros, ni hacerme una simple paja donde no aparezcas tú. Tello me da igual lo que hagas. Yo no me voy, ¿vale? Un día estaremos bien. Tú dejarás toda esa mierda de la droga y te pondrás a currar de cocinero. Estaremos bien. Nunca he sido tan feliz como ahora. Nunca he estado tan viva. Qué sabe nadie Tello. Estaremos bien. No va a pasar nada, me quedaré dormida y vendrás, y en vez de liarla follaremos. Me da igual no dormir una noche más. Volveremos a vivir. Mañana por la mañana tendré los ojos brillantes, y ni el sueño ni el miedo tendrán importancia. No va a pasar nada porque yo no me voy a ir con nadie ni nada, de verdad. No desconfíes de mí. Te quiero amor. No va a pasar nada. Me duermo y ya está. Me dejo el rímel puesto y cuando me despiertes estaré guapa, pase lo que pase. A lo mejor no tanto como la camarera del Habanilla, pero mírame Tello, cuando me tocas amanezco, se me sonrojan las mejillas, sé ponerte cachondo. Follando me vuelvo más guapa, ya verás. Te quedarás dormido sobre mi espalda, respirando en mi nuca. Y nuestras raíces se anudarán todavía más y nada podrá quitar el nudo. Y todo merecerá la pena por ese momento. No va a pasar nada, no te anticipes. ¿Y ese portazo? Sí, ahí estás, ya subes.


¿Por qué y para qué escribo?, Bego Guerrero

Por mí. Para mí. 
Fui una niña que rara vez pedía juguetes en su carta a los Reyes Magos. Fui una niña que deseaba que llegara el verano para poder pasarse media mañana recorriendo los pasillos de la biblioteca, eligiendo historias que poder disfrutar el resto del día. Fui una niña que cenaba con prisas para poder irse pronto a la cama a leer un ratito antes de que llegara su hermana y apagara la luz. Fui una niña que corregía a sus amigas las notitas que se intercambiaban en clase… y a pesar de eso, de ser una niña potencialmente solitaria, gocé de buenas y duraderas amistades y he disfrutado tanto de ellas, como de un buen libro.
Fui también una niña que ganaba casi cada semana el concurso de redacciones de mi clase. Tendría entonces unos diez años y se ve que la fama, al final se me subió a la cabeza y descubrí que a la gente le gusta escuchar historias. Así que yo las inventaba y escribía en las hojitas perfumadas que nos intercambiábamos en algunos recreos. 
Luego me convertí en guionista e inventaba diálogos basados en las historias del Equipo A o de Dragones y Mazmorras para que mis compañeros dejaran de comunicarse mediante onomatopeyas y lo hicieran como los actores que creían ser.
Después coqueteé con el relato erótico y me pasaba las horas de física y química escribiendo palabras tomadas por un ejército de hormonas. Lo hacía a medias con Ana, mi amiga eterna. Teníamos previsto ser las dos primeras adolescentes en ganar un premio Sonrisa Vertical pero la madurez se interpuso en nuestro camino y olvidamos el género, lo cual desilusionó al pequeño pero fiel, círculo de oyentes que teníamos. 
Y desde entonces, las palabras siempre me han acompañado. Nunca dejé de leer y nunca dejé de escribir. En ocasiones pienso que es la evolución lógica para quien de verdad ama leer: querer imitar a quien se lee. Siempre la imitación fue el germen de la originalidad. Y esto que es a priori una paradoja, puede observarse a lo largo de toda la Historia de la Literatura. El autor de El Lazarillo de Tormes bebió de la fuente de El Asno de Oro de Apuleyo; Cervantes de la del Amadís de Gaula; Lorca de la de Victor Hugo… y esto sólo por poner tres famosos ejemplos.
Empecé a escribir porque quería ser capaz de contar mis propias historias y quería ser capaz de hacerlo tan bien como los autores que me han ido acompañando por la vida. Ahora sé que aunque no sea posible tocar la luna con la mano, no tienen nada de malo querer seguir intentándolo.
Escribo porque cuando lo hago, estoy a solas conmigo misma, con mi cabeza, con mi corazón. Escribo porque cuando me siento ante la hoja en blanco, no siento miedo, siento emoción; la misma que sentía los viernes porque podía quedarme más tiempo despierta y leyendo. 
Escribo porque me gusta que las palabras no se las pueda llevar el viento si yo no quiero. Y si quiero, puedo hacerlas desaparecer.
De modo que sólo escribo porque me hace feliz.
Lorca fue un niño de pies planos y piernas asimétricas que no participaba en los juegos propios de su edad por su poca agilidad física; pero a él le gustaba observar cómo lo hacían los demás. Todo lo que percibían sus ojos, lo plasmaba luego su mano y es fácil encontrar guiños a su vida de niño en su pueblo, salpicados por toda su obra. Él prefería recitar sermones religiosos ante un público formado por su familia y el servicio de su casa a los que pedía como única condición, que lloraran durante el mismo. Disfrutaba contando sus historias y provocando (aunque fueran ficticios) algún sentimiento en los demás.
Lejos de compararme con él (esto no es querer tocar la Luna con las manos, es querer tener un piso en Marte), lo cito por la inmensa admiración que le tengo y por lo mucho que he aprendido de él. Y yo, como pudiera hacerlo el más inmenso poeta que mi juicio conoce, escribo para provocar sentimientos; para arrancar risas, alguna lágrima, alguna muestra de cariño hacia mí.
Escribo para que quien quiera leerme, pase un rato distraído, ameno, agradable. Y esas son todas mis pretensiones. Escribo para ser feliz mientras lo hago y mientras me leen. Escribo para mí, porque al final, todo son recompensas.
De modo que sólo escribo para ser feliz.

Fuente: http://literaturaypoesia20.blogspot.com.es