Google+ Taller de Escritura Creativa de Sevilla: 2015

Te regalamos una clase de Coaching literario; ¡reserva ahora!

Nuestro regalo este año es una clase particular de Coaching literario en la que podrás poner a prueba tu talento y conseguirás consejos para obtener mejores resultados. Reserva aquí tu sesión gratuita.


Convocatoria de invierno-primavera 2015-16



Diciembre, 2015

El Taller de Escritura Creativa convoca a inscripciones para el siguiente ciclo de la temporada invierno-primavera 2015-2016. Estas son las bases:

Podrán inscribirse todas las personas interesadas en la literatura, particularmente en la narrativa desde una perspectiva creativa y analítica. Se ofrecen plazas para ingresar a los cursos: 

Duración: 12 sesiones, presencial, grupal.
Horarios: miércoles, 18:30-20:30hrs., del 27 de enero al 27 de abril 2016
Precio: 200€

Duración: 12 sesiones, presencial, grupal.
Horarios: viernes, 18:30-20:30 hrs., del 29 de enero al 29 de abril 2016
Precio: 200€

Duración: 12 sesiones, presencial, grupal.
Horarios: jueves, 17-19 hrs., del 28 de enero al 28 de abril 2016
Precio: 200€

Duración: 12 sesiones, presencial, individual.
Horarios: tú eliges. 
Precio: 350€

Duración: 12 sesiones, en línea, individual.
Horarios: tú eliges.
Precio: 350€

Obtén 10% de descuento si te inscribes y pagas a través de transferencia bancaria (ES12 0049 0606 1021 9192 3671) a más tardar un día antes del inicio de clases. Envía el comprobante a: israelpintorm@yahoo.com 

Las inscripción se hace rellenando el formulario de la sección “Inscripción” del blog. Una vez enviado el formulario, el interesado podrá efectuar el pago con tarjeta de débito o crédito a través de PayPal (no es necesario tener cuenta PayPal).

El pago de la matrícula también podrá efectuarse en efectivo antes del inicio de las clases o a más tardar el día mismo de inicio, en cuyo caso habrá de notificarse dicha preferencia después de realizar la inscripción. 

La plaza será reservada, única y exclusivamente, cuando sea efectuado y comprobado el pago. 

El periodo de inscripción abarca desde la fecha de publicación de esta convocatoria y hasta el día mismo en que iniciara las clases. 
  
Todas las clases presenciales en grupo se impartirán en un aula privada ubicada en el centro de la ciudad: c/Pasaje Mallol 10ac, 41003. El coordinador del taller se reserva el derecho de apertura y organización de grupos.

Esta temporada usaremos un aula diferente, ubicada en el Casco Antiguo.

Las clases presenciales de Coaching Literario se impartirán en un aula privada ubicada en el barrio Begoña de la Macarena: c/ Constantina 15, 1ºA, 41008; en el domicilio del alumno o en un sitio público y tranquilo, siempre que ambas alternativas se encuentren ubicadas en la capital.

Usaremos un espacio más íntimo y adecuado para trabajar de tú a tú.

Al finalizar los talleres se editará y publicará una antología bajo el sello del Taller de Escritura Creativa, que será distribuida en formato electrónico por IBEROAMÉRICA EBOOKS, que distribuye en todo el mundo en las mejores tiendas. La antología se compondrá con los textos que los alumnos escriban durante el taller. Parte de las clases irán enfocadas a preparar al alumno para la publicación de sus textos. Dicha antología, una vez publicada, será presentada oficialmente por sus autores y el coordinador del taller. Conoce nuestra primer antología publicada.

Cualquier aspecto no resuelto en esta convocatoria se solucionará a través de correo electrónico: israelpintorm@yahoo.com

Tertulia literaria +55



Es un espacio para personas que prefieren conformar un grupo literario que comparte sus inquietudes generacionales, cuyos integrantes tienen 55 o más años cumplidos, que aman leer y se atreven a escribir poemas, cuentos e incluso novelas. Un instrumento educativo donde se aprende a ejercer la tolerancia y el sentido crítico. Permite a los participantes: estrechar relaciones con personas igualmente apasionadas por la literatura, enriquecer su cultura y conocer informalmente a otras personas de la esfera literaria. 

En cada sesión el alumnado expone su interpretación sobre aquello en lo que se está conversando en la tertulia: puede ser un tema propuesto por el moderador, o bien las obras que los alumnos se han animado a crear (en el caso de novela se trabajará siempre con fragmentos). Así el participante expresa al resto aquello que le ha suscitado, explicando por qué le ha llamado la atención, relacionándolo con con diálogos previos en tertulias anteriores u otros aspectos de la vida y el arte, exponiendo su reflexión crítica al respecto.

A través del dialogo y las aportaciones de cada participante, se genera un intercambio enriquecedor que permite profundizar en aquello sobre lo que versa la tertulia, promoviendo a su vez la construcción de nuevos conocimientos. Aunque se utilicen obras creadas por los participantes para animar el debate de la tertulia, el ánimo de la discusión estará sólo impulsado por el gozo y disfrute de compartir lo creado; el moderador, si al autor le parece bien, podrá hacer algún apunte formal sobre la obra, pero nunca con un afán corrector. La prioridad de la tertulia será siempre procurar a los participantes un ambiente abierto, ameno, tranquilo y amistoso en el que se pueda expresar libremente, con el objetivo principal de disfrutar con la actividad.

De manera recurrente serán propuestos ejercicios de escritura, a partir de diversas premisas que pueden desatar el ímpetu creador del participante. Las creaciones realizadas a partir de las premisas podrán ser objeto de tertulia si su autor así lo desea.

La inscripción y pago de matrícula habrá de realizarse en la directiva del centro formativo Aires Creativos. Para ello el interesado habrá de acudir a las instalaciones del recinto, en horario de lunes a viernes, de 9 a 14 hrs. (excepto durante el mes de agosto) ubicado en Ronda de Capuchinos 4, escalera 3, local 1, 41003, donde le darán más detalles e indicarán la fecha de inicio del curso.

Publicamos nuestra primera antología bajo el sello del Taller de Escritura Creativa, en ebook para todo el mundo y en papel para los amigos

"El mérito de este libro de historias no es sólo que entretiene y divierte. El mérito recae en su capacidad para contagiar al lector con la pasión por la escritura, a través de las pasiones propias del escritor que aún se niega a verse a sí mismo como tal, a pesar de que sus letras evidencian vocación. La premisa de estos textos se encuentra en el principio mismo de escribir Cada quien su cuento, donde resalta el ingenio personal de autor. La personalidad de cada uno de los narradores en esta antología es diversa y atrayente. Lo que las une es el ímpetu creador y la frescura propia del novel. No en vano es éste el primer libro publicado por el Taller de Escritura Creativa, un espacio de formación para escritores en toda regla."
Israel Pintor.

La presentación de esta obra fue realizada el jueves 19 de noviembre de 2015, a las 20 hrs. en La imprenta (c/González Cuadrado 22, Sevilla). Hubo lleno total. 


Para hacerte con la versión electrónica ve a la Google Play Store.

Si no puedes o pudiste ir a la presentación, compra un ejemplar impreso a través de PayPal, pagando con tarjeta o usando tu propia cuenta PayPal. Te será enviado por correo postal a tu domicilio (sólo para España).

 PayPal

Mira, una joven bloguera nos ha hecho una reseña:


Diez consejos básicos para enfrentarte a la escritura



Si estás pensando enfrascarte en un proyecto de creación literaria, los consejos que voy a desarrollar a continuación te serán de mucha utilidad. Se trata de bases, fundamentos para quienes dedicarán tiempo a escribir, ya sea de manera puntual, para entretenerse, expresarse o divertirse, o porque inician un proceso formativo para convertirse en escritores de oficio. Sea cual sea tu caso, si eres un principiante merece la pena que atiendas las siguientes recomendaciones, se trata de consejos en los que coinciden muchos escritores, seguramente encontrarás alguna de estas ideas en sus decálogos o ensayos sobre escritura creativa: 

1. Disfrútalo 


Para empezar, quítate de la cabeza aquella idea preconcebida de que los escritores son seres acongojados que sufren y se cortan las venas o se entregan al alcohol y las drogas para poder escribir. Aunque existan y seguirán existiendo casos así, escribir no es sinónimo de depresión, oscuridad y agobio. 

Con la práctica descubrirás que escribir tiene su parte dura. Es un trabajo, como cualquier otro. Y requerirá de ti un gran esfuerzo intelectual y un esfuerzo físico moderado. La escritura profesional requiere tiempo, dedicación, esfuerzo, disciplina. Pero ahora que estás empezando déjate llevar por otras cosas que la escritura requiere: libertad, locura, fantasía, entrega; pásatelo bien. La creación literaria tiene sus etapas, se llama proceso creativo. Conforme practiques entenderás mejor las cualidades de cada etapa. Pero ahora que empiezas merece la pena que reconozcas al menos la diferencia entre la etapa de la creación libre en la que dejas volar tu imaginación, y la etapa de la reconstrucción de lo creado en la que pones a prueba tu imaginación para intentar dar una forma determinada a esas ideas creadas. Para disfrutar de la escritura debes reconocer la diferencia entre ambas etapas y dejarse llevar por la primera: la creación libre en la que dejas volar tu imaginación. Este consejo me lleva de manera natural al siguiente: 

2. Si estás creando, no invites al odioso corrector que llevas dentro 


Tal vez tengas un afán perfeccionista y, en el intento de escribir bien desde el principio, caerás en la tentación de hacer mil pausas y detenerte a modificar cada palabra, cada signo de puntuación que escribiste hace tan solo un instante. Ese impulso corrector está asociado con tu falta de seguridad en el campo de la escritura: te obligas a eliminar cualquier rasgo que revele a un posible lector que eres un novato. Hacer eso es como ser un perro que se muerde la cola. No te lleva ningún lado. O sí, lo único que consigues haciéndolo es bloquearte, reprimir tu creatividad. Escucharás una voz interior que te dirá: «¿Por qué pierdes el tiempo? ¿No has hecho suficiente el ridículo a lo largo de tu vida? ¿No tenías una cita en el dentista hoy? ¿Que cómo se escribe esa palabra? ¡Ves cómo pierdes el tiempo y haces el ridículo! Mejor ponte a ver Memes en Facebook.» 

Debes aceptar, sin vergüenza (porque no es motivo de vergüenza) que eres un novato. Ahora acepta que la vas a cagar. Supéralo. ¿Ya? ¿Te ha quedado claro? Bien. Ahora lo único que te puedes hacer es entregarte con gozo a la creación. Tarde o temprano dejarás de cagarla y te convertirás en un gran escritor. Si estás inventando una historia, si tomas las primeras notas y empiezas a escribir, no te detengas ni un instante a revisar lo que estás escribiendo. Déjate llevar y simplemente escribe. Ese texto es tuyo, no lo ha visto nadie y nadie tiene por qué verlo. Cuando sientas que has sacado de tu mente todas las ideas que te ayudarán a crear el relato, el poema o lo que sea que estás escribiendo, entonces y sólo entonces detente, respira profundo, felicítate, prémiate de algún modo porque has sido disciplinado y no te has dejado llevar por el odioso corrector que todos llevamos dentro. Después, unos días después podría ser mejor, como si le dieras la bienvenida a tu mejor amigo, deja que ese odioso corrector salga y eche un vistazo a lo que escribiste. Su ayuda será valiosa en un momento dado, pero no lo dejes que te acompañe todo el rato, es un pesado. 

3. Pídele al odioso corrector que lea en voz alta 


Cuando dejes que tu odioso corrector te visite, ponle una condición para permanecer a tu lado. Sólo así conseguirás sacarle todo el provecho a su naturaleza pesada: pídele que lea en voz alta lo que has escrito. Notarás se le da genial identificar todas y cada una de tus metidas de pata. Puede que se ría de ti y te haga quedar en ridículo, pero ahora mismo te conviene dejarlo expresarse. Es lo único que sabe hacer: corregirte y ponerte en evidencia. Ya sabes que si no lo controlas se vuelve insoportable, pero cuando lo invites, déjalo ser y pon mucha atención a sus observaciones incisivas. Te ayudará a mejorar el texto que escribiste. Cuanto termine de leer en voz alta y notes que ha comenzado a recodarte que estás perdiendo el tiempo y que deberías dedicarte a otra cosa, entonces pídele muy educadamente que se vaya a tomar por culo. 

4. Rutinízate 


Ya sé, esa palabra no existe, pero en México somos dados a crear verbos a partir de sustantivos y ya que soy mexicano, tengo esa costumbre rara. ¿Es un error? No es la norma. Pero es divertido y esa costumbre me llevó a adquirir un recurso valioso que aplico en la escritura creativa: juego con el lenguaje, lo uso libremente. Si te gusta jugar con las palabras te conviene usarlas con libertad, rompiendo las reglas de vez en cuando. Hacerlo terminará por darte más recursos para usar el lenguaje de formas originales y llamativas. Pero en realidad lo que quiero decirte con esto es que deberías acostumbrarte a realizar ciertas cosas en torno a la escritura, porque esas costumbres van a convertirse en virtudes, en herramientas de las que puedas sacar partido. 

El español en toda América Latina es un idioma bastante flexible. No pasa lo mismo en España. Traigo este tema a colación sólo para hablar de lo conveniente que es que te acostumbres a algo, no porque me interese debatir con los defensores acérrimos del español. Mi contexto cultural me acostumbró a usar el lenguaje con libertad y crear palabras nuevas, aunque sea rompiendo las reglas. Las lenguas vivas tienden a modificarse mucho: le pasa al español y al inglés, que son dos de las lenguas más vivas de nuestro tiempo. La Real Academia de la Lengua Española lo sabe, aunque en mi opinión, los académicos de España se muestran un poquito más reacios a los cambios en el uso del lenguaje, que los académicos de América Latina. No voy a decir que eso es mejor o peor. Sencillamente es así. Esa convención determina una serie de costumbres en los hispanohablantes de España y América Latina. Por eso en España se prefiere la conjugación de los verbos en pasado imperfecto y en toda América Latina se tiende al uso del pasado perfecto, por ejemplo. Es todo cuestión de costumbres. Y la costumbre termina por dotar de recursos a quien la tiene. Puedo equivocarme, pero estas costumbres de españoles y latinoamericanos me lleva a pensar en el carácter que tienen, respectivamente. Pensar en su carácter como consecuencia de la costumbre al usar el español de una forma o de otra. Mientras que el español suele ser más preciso, a costa de lo que puede considerarse un modo cortés de usar el lenguaje, el latinoamericano tiende a ser un poco más redundante, procurando guardar las cortesías en todo momento. 

Si te haces a la costumbre de crear verbos a partir de sustantivos, terminarás terraceando (estar en una terraza) con tus amigos, una noche de primavera o, como propongo desde el subtítulo de este punto: si te haces a la costumbre de escribir todos los días terminarás por crearte una rutina o, rutinizarte (jaja). Las rutinas son buenas, aunque a veces escapemos de ellas. Las rutinas llevan a nuestro cerebro a sentirse cómodo en una situación determinada. Por eso nos sentimos raros o incómodos ante lo nuevo y desconocido. Cuando nuestro cerebro se acostumbra a que lo pongas a trabajar a una hora, en un espacio e, incluso, con unas herramientas determinadas, aunque al principio le cueste arrancar, pronto notarás que siempre que llegue esa hora, estés en ese espacio y utilices determinadas herramientas para escribir, podrás escribir sin obstáculos ni trabas. Tu cerebro se verá imposibilitado para darte excusas. Es algo así como una especie de antídoto contra bloqueos. 

5. Todo es ponerse, si quieres escribir, just do it 


Vas a la paya un día con tu familia y tu hermano de reta a ver quién es capaz de construir el mejor castillo de arena, si tú o él. Convierte a tus padres es jueces, pone un cronómetro y fija la hora de comer como el tiempo límite para construir los castillos. Quien consiga construir el mejor ganará el único vale por un masaje que el hotel les regaló. Todo está listo, tú te entusiasmas y aceptas el reto. Qué haces a continuación: a) intentar construir el mejor castillo posible para ganarle a tu hermano y hacerte con el vale para el masaje, b) contemplas las nubes. Si eliges la opción b, entonces no estabas realmente entusiasmado y mentiste cuando aceptaste el reto. 

Si quieres escribir, no hay más. No le des más vueltas. ¡Escribe! No lo pienses, sólo hazlo. Todo es ponerse. Ye he dicho que te vas a equivocar, pero también sabes que eso forma parte del proceso de aprendizaje. La única forma de aprender a escribir es escribiendo. Escribir es como correr. Hace poco más de un año empecé a correr. Yo nunca había corrido. Quería convertir ese deporte en una rutina porque necesitaba hacer algo positivo por mi salud. Esto fue lo que pasó: el primer día odié haber salido a correr, me tropecé mil veces, me torcí los tobillos, sudé una barbaridad, me asfixié y no fui capaz de correr más de uno o dos kilómetros. Al día siguiente me dolía todo el cuerpo. No tenía ganas de volver a correr, la verdad. Pero quería hacerlo. Me lo había propuesto. Querer y correr no son la misma cosa. Uno puede querer correr, pero sólo corre si lo hace. Igual con la escritura. ¿Quieres escribir? No basta con querer, ¡escribe! ¿Sabes lo que conseguí después de unos meses de práctica corriendo? Nunca imaginé que yo sería capaz de recorrer diez kilómetros al día, todos los días, sin lamentarme por los dolores o el cansancio. Lo malo es que he dejado de correr tanto. Tuve que dejarlo por falta de tiempo. Pregúntame ahora cuánto soy capaz de correr y qué tanto sufro si salgo a correr, al menos un poco. Menos mal que no he dejado de escribir. Ojo, si la práctica hace al maestro, la falta de práctica también lo deshace. Complementa el aprendizaje de escribir haciendo otra cosa muy importante: 

6. Lee todo lo que puedas 


Lee todo lo que puedas. Y será mejor si lees siempre lo que te apetezca. Sé caprichoso. Elige sólo lo que te gusta. Quizá otros escritores o profesores de escritura prefieran decirte que debes leer a los clásicos, o que debes leer todos los ensayos que se han escrito sobre escritura creativa o creación literaria. Claro que esas lecturas serán de mucha ayuda. Se aprende mucho de los Maestros clásicos, así como de los teóricos de la creación literaria. Leerlos es fundamental. Pero si empiezas a escribir y estás tomándote enserio tu formación como escritor, lo más conveniente en una etapa inicial es disfrutar con la lectura. Hay miles y miles de libros por leer. ¿Cómo elegir? ¿Qué es mejor o peor? Puff. Qué preguntas más difíciles de responder. Si te interesa encontrar una guía, seguro que te resultará sencillo encontrar listas de lecturas imprescindibles, clásicas y contemporáneas. Eso está bien. Déjate guiar si lo necesitas. Pero yo te recomiendo que te dejes llevar, al menos durante los primeros años en que te enfrentes a la escritura, por tus gustos personales y corazonadas. Elige los libros que te apetezca leer, nada más. Da igual de qué o de quién sean. Pero lee. Lee mucho. Entre más leas, mejores habilidades y recursos irás adquiriendo. Lo que no te puedes permitir, por ningún motivo, es no leer. Si no lees jamás serás un buen escritor. No conozco a una sola persona que haya conseguido escribir una obra digna, sin antes haber leído muchas obras geniales. 

7. Muestra, no expliques 


Este es un principio básico de la escritura narrativa. Consiste en no explicar todo lo que pasa, sino mostrárselo al lector. Algo parecido a lo que sucede cuando ves una escena en el cine; el director no sale de pronto y te explica lo que piensan y sienten los personajes, o lo que significan sus acciones, ¿verdad? Basta con atestiguarlo, con escucharlos y verlos actuar. 

James Cameron construyó en Titanic una hermosa escena romántica en la que Rose y Jack miran cómo el océano se abre ante sí mismos, y el viento mueve sus ropas. En esa escena no hace falta que el director explique que la pareja está enamoradísima y que se adoran. Tampoco necesitamos que nos diga que subirse a la barandilla de la proa es un intento de Jack por demostrar a Rose que con él, ella puede sentirse segura, y que además de confiar en que él cuidará de ella, se va a hartar de descubrir cosas nuevas y sorprendentes como esa: sentir que vuela sólo con la ilusión de cerrar los ojos y de pronto abrirlos, sin nada más ante sí que el mar al atardecer, haciéndola sentir que el mundo por venir es prometedor, esperanzador, mientras que el mundo a sus espaldas es agobiante. Lo que yo acabo de hacer es explicar el significado de la escena al interpretar las acciones y los diálogos de los personajes. Por supuesto, hace falta conocer el contexto, o sea, el resto de la historia para poder hacer dicha interpretación. Pero nada de lo que yo te he explicado es algo que haga por sí misma la escena, ¿verdad? 

Para que lo entiendas mejor. Si tu personaje es canalla, ponlo a hacer y a decir canalladas. Te aseguro que tu lector, por sí solo, podrá deducir que ese personaje es un canalla. No subestimes la capacidad intelectual del lector. 

8. Si puedes decirlo con una palabra, no uses dos 


Tanto poder tienen las palabras, como su omisión. A veces puedes decir más omitiendo, que desarrollando tres o cuatro ideas. La ausencia o el uso limitado de las palabras puede ser conveniente para comunicar. Fíjate en lo que dices y en lo que no dices. Porque algo no dicho también significa. El reto es controlar lo que dices cuando no usas palabras. 

Otra manera de comprender este consejo es más bien económica. Recuerda que un lector quiere ir al grano. Si lo aburres y tus palabras redundan, más pronto de lo que imaginas cambiará tu texto por el nuevo post en Facebook. ¿Sabes cuántos posts se generan en Facebook cada minuto? Pues eso. En función de eso evalúa qué tanta atención debes poner en las palabras que utilizas. Si al revisar descubres que un párrafo entero repite ideas o, sencillamente no dice nada: cárgatelo. No lo dudes. ¿Cómo saber cuánto dejar palabras y cuándo cargártelas? Fácil: si te ayudan a decir lo que debes decir, entonces se quedan. Pero si no son necesarias: ¡cuello! 

9. Tienes derecho a escribir mierda 


Insisto en esta idea porque el imperativo de hacerlo todo bien es muy fuerte. Entre más pronto entiendas que vas a escribir mal durante un tiempo, más rápido empezarás a identificar cuáles son tus errores y cómo debes trabajar para solucionarlos. Si te dejas abrumar por el miedo a equivocarte, nunca aprenderás a escribir mejor. Vas a escribir mierda durante un tiempo. ¿Cuánto? No sé, creo que depende del tiempo que dediques a practicar. Entre más practiques menos durará esa temporada en la que escribas mierda. Pero alégrate, la mierda que escribes forma parte de tu proceso creativo y tú, ahora mismo, no eres el mejor escritor que podrías ser. Sólo eres una persona que quiere aprender a escribir. Si aceptas que escribirás mierda, ya habrás dado un gran paso. ¡Felicidades! Ahora debes averiguar cómo dejar de escribir mierda. Descuida. Vas por buen camino. 

10. No te rindas 


El que se rinde estará destinado a escribir mierda por siempre. Si quieres escribir, sólo hazlo. ¡Escribe! Si perseveras y escribes diariamente, poco a poco dejarás de escribir mierda para empezar a escribir obras de arte que podrían cambiar la vida a muchas personas. Pero eso no se consigue en un día, ni en dos ni en tres. Ni en diez años. En otro post te conté que yo llevo diez años dedicándome en cuerpo y alma a la creación literaria. Y aún no consigo convertirme en el escritor que me gustaría llegar a ser. Pero tengo una cosa clara: ese día llegará. Sólo debo mantenerme firme y seguir escribiendo. En diez años he conseguido grandes avances. Cuando me pregunto qué habré conseguido en diez años más, me lleno de ilusión. Y ¿dentro de veinte años? Me gusta dejar volar mi imaginación y soñar con mi futuro como escritor. Seguramente a ti te sucede lo mismo. En estos momentos en que sueño que lo conseguiré, se me viene a la mente esto:

Pues eso.



Israel Pintor.

Cómo prepararte para escribir tu primera novela


¿Quieres escribir una novela? ¡Genial! Déjame compartir contigo algunos consejos que podrían ser de utilidad en tu aventura. Antes que nada mírate al espejo y pregúntate: ¿estoy realmente dispuesto a pasar los siguientes años de mi vida trabajando en la misma historia? Sí, has leído bien. ¡Años! Una novela, por muy rápido y productivo que seas, no se crea en poco tiempo. Es como ese tipo de platillos que sólo quedan buenos si se cocinan a fuego lento. Si me lo preguntas, yo diría que una buena novela necesita, al menos, un año intenso de trabajo. Y entre más tiempo le dediques, probablemente mejor será el resultado. En este post voy a hacer algunas recomendaciones para ayudarte a preparar el terreno de cara a la escritura de tu primera novela:

No tengas prisa


Llevo enfrascado de manera profesional en la creación narrativa unos diez años, más o menos. Son pocos, comparados con los años que tal vez debería dedicar una persona que busque cultivar sus aptitudes literarias, pero no tengo prisa. Tuve buenos profesores. Lo primero que ellos me enseñaron al acercarme a la creación literaria fue que las prisas son mi peor enemigo. Y lo es también para ti. Durante estos diez años he escrito tres libros: dos novelas (Las puertas del paraíso y Cómo tú todo) y un libro de cuentos (Pasiones simples). Y aunque me siento satisfecho con el resultado de las tres obras, reconozco que el último de ellos, la segunda novela que aún está inédita, es quizá el mejor, sólo porque en ella he tenido la oportunidad de aplicar todos los conocimientos que adquirí al acumular años de lecturas y práctica. 

Debes ser congruente contigo mismo. ¿Has acumulado experiencia escribiendo? ¿Escribes todos los días? O por el contrario estás empezando y normalmente no escribes tan seguido. Pues bien, si te has propuesto escribir una novela, es importante que sepas que te va a llevar un tiempo amplio terminarla, tengas o no experiencia escribiendo narrativa, y, aunque te fijes un calendario (cosa que recomiendo ampliamente), la historia que vas a crear y posteriormente convertir en novela, requerirá la inversión de tiempo adicional al que puedas llegar a contemplar. No seas demasiado duro contigo mismo. Ponte el listón alto, todo lo alto que quieras, pero sé realista y no esperes alcanzar tus metas de un día para otro. 


Te voy a poner como ejemplo el caso de mi ex alumno Agustín. Cuando lo conocí, me dijo que quería escribir una novela, pero no cualquier tipo de novela, él quería que su novela fuera un bestseller. Vamos, que llegó con el listón bien arriba. Hoy Agustín está promocionando su novela (El atardecer sin mí). ¿Sabes cuánto tiempo dedicó a trabajar en ella, de manera ininterrumpida? Un aproximado de dos años y medio. Y no lo hizo solo. Agustín, como podría pasarte a ti también, no tenía experiencia escribiendo narrativa y su proyecto creativo también contemplaba su formación como narrador. Considera que al ser tu primera novela, existen muchas más posibilidades de que sea un gran ejercicio de aprendizaje y formación; incluso puede no ser la mejor novela que escribirás o la mejor novela en la historia de la literatura. Sé honesto, reconoce cuál es tu grado de formación y experiencia en estos momentos y no te exijas más de lo que no piensas que eres capaz de dar. Una vez puesto, entrégate. Y claro, has tu mejor esfuerzo. ¡De eso se trata! Déjate la piel escribiendo e intenta escribir la mejor novela que tú eres capaz en estos momentos de tu vida y formación. Pero no corras. Las prisas son sinónimo de mala calidad. Y tampoco te agobies, mejor hazte a la idea de que esta es sólo tu primera novela. Una vez aceptes eso, celébralo. ¡Estás asumiendo un gran reto! 

Diferencia entre el tiempo de escritura y el tiempo de creación del universo ficticio


No es lo mismo escribir la novela que inventar el universo de ficción con que la escribirás. Si antes de ponerte a escribir sabes todo sobre el universo ficticio con que escribirás la novela, entonces te auguro un tiempo de escritura breve y deleitoso. Verás, pasa lo siguiente: si no sabes de lo que vas a escribir y te pones a escribir del tirón, entonces tendrás que detenerte en algún momento e imaginar todo aquello que no sepas cómo es. No quiero decir que para escribir una novela, antes debas saber cada mínimo detalle sobre la historia, pero sí es muy conveniente que conozcas la historia en profundidad, aunque sobre la marcha vayas afinando detalles o inclusive cambies cosas.

Los años de experiencia y las experiencias de otros narradores me llevan a concluir que existen dos métodos, por llamarlos de algún modo, en que normalmente se escribe una novela: hay narradores que planifican y hay narradores que escriben sin más y lo descubren todo sobre la marcha. ¿Cuál es la diferencia entre estos dos métodos? Con el primero, el de la planificación, te verás obligado a diferenciar entre el tiempo de creación del universo ficticio y el tiempo de escritura de la novela, procurando hacerte de toda la información y recursos técnicos más adecuados para alcanzar tu meta. Con el segundo lo harás todo al mismo tiempo: inventarás y darás forma a la novela sin diferenciar etapas de creación, lo que te obligará a detenerte a pensar, tomar notas, etc. 

Al final, prefieras el método que prefieras, terminarás por emplear mucho tiempo. O sea, que de eso no te vas a librar. Ya te lo dije en el inicio. Imagina que estás a punto de correr tu primera maratón de cuarenta y cinco kilómetros. Te aseguro que sudarás y que llegarás a la meta, antes o después, dependiendo de qué tanto hayas entrenado preparándote para correr la maratón. Escribir una novela es bastante parecido a eso: un ejercicio que pone a prueba tu capacidad de resistencia y que te exige un grado de control amplio sobre la ficción y las herramientas técnicas con que la moldearás.

Mi recomendación es que, si es tu primera novela, intentes diferenciar entre las etapas del proceso. Dedícale un tiempo considerable a la invención de la historia, lo cuál también te llevará a escribir (tomar notas, buscar información y resumirla, etc.), pero no estarás escribiendo la novela. Estarás escribiendo la historia. La novela, en este caso, será la historia previamente creada y manipulada de modo que puedas darle una forma espectacular, lo suficientemente atractiva como para generar intriga en el lector. 

Imagina que quieres crear una almohada y que esa almohada, para que sea interesante y original, tendrá forma de estrella. Pero, ¿de qué están hechas las almohadas? La forma de estrella por sí sola no es una almohada, ¿verdad? Es sólo una forma. Necesitas el material para crear la funda de tela que, al recortarse y coserse de un modo concreto, usando herramientas determinadas, te permitirá dar forma de estrella a la funda que, posteriormente será rellenada con otro tipo de material: plumas, por ejemplo. Para hacer una almohada en forma de estrella, como puedes ver, no basta con saber cuál qué forma tendrá.

La historia de tu novela es equivalente al material con que elaborarías la almohada. Sólo si tienes ese material moldeable, podrás luego darle forma, forma de novela. Y las novelas, como las almohadas, pueden tener muy diversas formas. No por nada la novela es el género narrativo más flexible y diverso. Seguir mi recomendación podría ahorrarte mucho tiempo y procurar que el ejercicio de escribir tu primera novela resulte muy revelador, podrás ver, negro sobre blanco, cada uno de los pasos de creación, aprendiendo mucho de cada uno de ellos. 

La desventaja de escribir sin plan es que, con muchísima probabilidad, terminarás por bloquearte o te verás en la imperante necesidad de hacer una pausa para pensar y rellenar todos los huecos de la historia que no te hayas dado tiempo antes de llenar, alentando así el ritmo de tu proceso creativo y poniendo mucho más a prueba tu capacidad de resistencia. No es lo mismo hacer un largo viaje directo, que hacer un largo viaje con transbordos y paradas varias. Escribir una novela sin plan se parece bastante a tener que cruzar el mundo en cuatro o cinco aviones, sin tiempo para dormir entre avión y avión, haciendo largos periodos de espera en cada aeropuerto, esperando a que salga el siguiente vuelo, y para más inri, sin saber a qué destino te llevará el último de esos aviones.

Esto no significa que sea imposible escribir una novela sin plan previo. Significa que si es tu primera novela y no tienes suficiente práctica o experiencia dominando las herramientas de construcción narrativa, podrías perderte fácilmente y terminar por claudicar. Si quieres evitar el aborto de tu proyecto, te conviene prevenir. Aquí aplica perfecto el refrán ese de “Es mejor prevenir…, pero como ya te lo sabes me lo ahorro.

Saca partido a tu personalidad creativa


Emular no es malo. Cuando emulamos el modo en que escriben los autores que nos gustan, aprendemos a escribir como ellos. Y si los admiramos, será porque son buenos, ¿no? O sea, que al final estamos emulando o aprendiendo un modo de escritura de calidad. Eso es bueno, sobre todo si estás en un proceso formativo. Pero no es lo ideal. Lo ideal es que, conforme avances en tu formación, consigas desarrollar un estilo propio y una forma muy personal de construir cuentos y novelas. 

Ya que vas a enfrascarte en un proyecto tan importante, durante una buena cantidad tiempo, merece la pena que lo pases bien, que te diviertas, crezcas y aprendas de ti mismo. Tú, como sucede con todos los creadores del planeta, tienes un modo muy particular de ser y de crear. Tu personalidad creativa es un sello valioso que te ayudará siempre a impregnar tus obras con un estilo propio que marque una diferencia entre tu trabajo y el de otros escritores. Seguramente has ido a una librería buscando la última novela de tu escritor favorito. No buscas la novela en sí, sino la siguiente obra del autor. Pues eso. Además de comprar historias, los lectores compramos un sello de garantía. Nos gustan las historias, pero nos gustan más las historias que son contadas en modo “me hace clic”, o sea, historias que nos hacen sentir empatía.

No tengas miedo de tu personalidad. Quizá esto te suene un poco a discurso de superación personal, pero resulta que es uno de los consejos más valiosos que pueda darte y una herramienta de trabajo imprescindible. Entre otras cosas esto es justamente lo que busco que mis alumnos del Curso Avanzado del Taller de Escritura Creativa consigan: sacar partido de su propia forma de ser y aplicar esas cualidades a sus textos. Normalmente mis alumnos del Curso Avanzado ya se han dado tiempo de conocer un poco más su personalidad creativa, lo que yo procuro en el aula es que apliquen esas cualidades de su personalidad en sus propias creaciones. Quizá haya cualidades de tu personalidad creativa que no te gusten y, sin duda habrá algunas que te fascinen. No diferencies entre unas y otras. Todas valen, son realmente útiles y valiosas. La recomendación es que no huyas de ti mismo ni te juzgues. Tu personalidad es una de tus herramientas de trabajo más importantes, entre más la cultives y aprendas a reconocerla, mejor podrás utilizarla. En el Curso de Iniciación solemos hacer algunos ejercicios que te ayudarán a conocer mejor tu personalidad creativa, te lo comento por si sientes curiosidad y te animas a profundizar en el asunto.

Si vas a escribir tu primera novela, no te olvides nunca de cuáles son las cualidades que definen tu propia personalidad creativa. De este modo podrás sacarles más partido. Un ejemplo breve: si tiendes a la introspección y te comes mucho el tarro, probablemente seas bueno usando la técnica de la escritura automática y se te da bien la primera persona del singular. Esta cualidad podría ayudarte a crear un personaje psicológicamente profundo y a dotarlo de una capacidad de introspección y reflexión parecida a la tuya, sin mencionar que podría resultarte sencillo escribir monólogos enteros para él.

No ignores tus obsesiones, conviértelas en materia prima


Todos tenemos obsesiones. En un contexto ajeno a la creación literaria, las obsesiones no son precisamente positivas. Pueden ser perjudiciales e insanas. Pero en el contexto de la creación literaria, las obsesiones de un escritor son la fuente de inspiración más grande. Las obsesiones, explica Natalie Goldberg en El gozo de escribir, son como esos amigos borrachos e impertinentes que nunca se van, a pesar de que la fiesta haya terminado. Se trata de temas que inundan tu mente y, hagas lo que hagas, no se irán a ninguna parte. Si ocupan tus pensamientos sólo puede deberse a una razón: te importan. Y si te importan a ti, existen muchas posibilidades de que consigas que le importen a otras personas. Quizá te has preguntado alguna vez: ¿cómo hago que mis textos sean interesantes? Una forma de asegurarte de ello es que trates temas que a ti te produce un gran interés. Un interés absoluto. Cuando leemos una historia que trata un tema demasiado ajeno a nosotros mismos, tal vez no sentimos un gran interés por ella. Pero el interés en el lector es algo que se crea. A mí no me suelen interesar las historias sobre narcotráfico, o las historias de policías. Sin embargo, como probablemente ya sepas porque hayas leído otra de las entradas de este blog, soy fan de Breaking Bad: una historia sobre matones, policías y drogas. 

Si escribes sobre aquello que a ti te interesa, terminarás consiguiendo que a los demás les interese del mismo modo en que te interesa a ti, a pesar de que se trate de temas que a esas otras personas no les resulten atractivos a priori. Y la única forma eficaz de identificar los temas que te interesan de manera definitiva y absoluta, es hurgando entre tus obsesiones. Pregúntate cuáles son tus obsesiones y te diré sobre lo que tratará tu novela.

Si tienes miedo de ir por ese camino, ve por ese camino


Si quieres ser narrador debes aprender a caminar por sendas oscuras y tenebrosas. Es un gaje del oficio. Me refiero a todos aquellos temas difíciles que te resistes a tratar porque tocan fibras sensibles de tu interior. Esto es algo que probablemente ya te pase. ¿Has identificado entre tus obsesiones un tema difícil de tratar? ¿Crees que tratar ese tema en tu novela te hará sufrir? ¿Piensas que escribir narrativa debería producirte siempre alegrías y sonrisas? No quiero decir ahora que para ser novelista debas rasgarte las vestiduras y ponerte a sufrir en plan bohemio. No. Y de hecho, deseo que tus ejercicios de creación no hagan más que producirte buen rollo y felicidad. Pero estaría mintiéndote si no te dijera que escribir, a veces, es tan doloroso y difícil como lo son las experiencias dolorosas y difíciles de la vida.

Resulta que el corazón de las historias se compone de un conflicto, un conflicto que se articula con los elementos que haces un esquema actancial. Y pasa que la inmensa mayoría de las veces, las historias que escribimos tienen una raíz dramáticamente difícil y dolorosa, en alguna medida. Y eso es una cualidad natural de sí mismas. Es decir, sin esa raíz conflictiva no podrían llamarse historias. El conflicto de una historia puede muy bien provenir de uno de esos temas difíciles que te resistes a tratar, de una de esas obsesiones que inundan tu mente. ¿Alcanzas a entender ahora por qué te conviene hacerte amigo de tus obsesiones? 

Si vas a escribir tu primera novela, se valiente y tira para adelante, camina sobre esas sendas oscuras y tenebrosas que son tus obsesiones. Será difícil, sí. Pero te aseguro que también será enriquecedor y que al final del sendero siempre hay un destino increíble. Algunos expertos llaman a esto arte-terapia. Pero ese es un tema que merece una entrada aparte. Lo único que puedo asegurarte ahora, si eres valiente y caminas por ese camino que te intimida, es que al llegar al final experimentarás uno de los más grandes placeres que un narrador es capaz de experimentar: autorrealización y catarsis.

Ahora me voy a permitir darte algunas recomendaciones más específicas, de modo que puedas usarlas como guía en tus preparativos:

Describe en unas cuatas líneas el argumento de la trama principal de tu historia


¿Qué contará tu novela? Si eres capaz de escribirlo en unas cuantas líneas, entonces podrás escribir más de cien páginas para desarrollar la historia, hasta convertirla en una novela. Pero si no eres capaz de sintetizarla, quizá debas preguntarte ¿las ideas que tengo componen una o varias historias?, ¿cuál es la historia que quiero contar? No pierdas nunca de vista que todas las historias tienen un inicio, un planteamiento, que termina con el incidente desencadenante dando paso al desarrollo, un clímax y un desenlace. 

Identifica la idea controladora. ¿Qué mensaje o idea comunicarás?


Si ya leíste El guión, de Robert McKee, sabes a qué me refiero cuando hablo de la idea controladora. Antes de continuar reconozco que el ensayo de McKee ha sido para mí profundamente instructivo. He aprendido mucho sobre diseño narrativo y didáctica de construcción. No te sorprendas si lo cito constantemente. Es para mí una especie de Biblia de la creación literaria. 

Siguiendo con el asunto de la idea controladora, se trata de un concepto escurridizo que no voy a detenerme a explicar como se debe en esta entrada, pero que merece la pena conocer. Grosso modo se trata de la idea base que construye el mensaje que tu historia comunicará. Como seguramente sabes, el arte tiene generalmente un fin comunicativo. Es decir, que busca establecer contacto con el consumidor (lector, espectador, intérprete, llámalo como quieras) para hacerlo reflexionar, para decirle algo. Y tu novela, aunque sea la primera, no está exenta de ello. 

Aunque no sepas ahora cuál es el mensaje que va a comunicar, te conviene darte tiempo para descubrirlo. Pero no te esfuerces demasiado intentando reconocerlo antes de crear la historia. Sólo podrás conocer el mensaje de tu historia cuando hayas terminado de escribirla y estés a punto de empezar a escribir la novela. La idea controlador de tu historia, es controladora no porque tú la controles, sino porque es ella la que controla la historia que has creado. O sea, que terminará revelándose sin que tú hagas nada. Lo único que puedes y debes hacer, una vez creada la historia, es reconocerla. Ojo, he dicho terminar de crear la historia, no de escribir la novela. Identificar la idea controlador te permitirá afinar aún más el destino del viaje que estás a punto de emprender. Y te ayudará a diseñar una novela con astucia, facilitándote la creación de intriga, tensión e intensidad. Para comprender mejor a qué me refiero, te invito a leer el post “Cómo narrar una historia y no morir en el intento”. También te invito a entrar al Curso de Iniciación del Taller de Escritura Creativa, en él realizamos prácticas que te ayudarán a comprender mejor el concepto y aplicarlo en tu proceso de creación a la hora de crear el argumento de tu novela.

Identifica claramente el conflicto (esquema actancial)


Sin conflicto no hay historia. Los esfuerzos que dediques a escribir sin saber cuál es el conflicto, o cómo se compone el esquema actancial de tu historia, serán vanos. Ponerte a escribir sin saber esto es como hacer un viaje con los ojos vendados y sin saber cuál es tu destino. ¿A dónde llegarás si no sabes por dónde vas y a dónde llegarás? 

Realiza breves fichas de caracterización para todos tus personajes secundarios y una ficha ampliada para el protagonista


Te conviene conocer a tus personajes. Debes conocerlos tanto como conoces a tu propia familia, a tus amigos. Necesitas adentrarte en sus mentes y descubrir de lo que son capaces, cómo se expresan, qué quieren, cómo se han criado, qué orientación política tienen, etc. Entre más detalles, mejor. ¿Cómo saber cuáles son los detalles importantes, los que te ayudarán a escribir luego la novela? Fácil: supedítate a la historia. ¿Qué historia vas a contar? Si fueras a escribir la historia de Romeo y Julieta, no tendría mucho sentido que dedicaras tiempo en la construcción detallada de las personalidades de cada integrante de sus respectivas familias, ¿verdad? Y sí sería imprescindible conocer a profundidad, en cambio, a Romeo y a Julieta, que son los personajes principales.

Has notas sobre la ambientación


La ambientación se compone de toda aquella información que no es acción (historia) o personajes. ¿En qué año sucede todo? ¿En qué país, planeta, ciudad, barrio, casa? ¿Vas a usar un contexto realista o fantástico? ¿Tu historia sucede en un castillo de cristal perdido entre las montañas de Plutón o debajo de la cama de la habitación de Manolito, el hijo más pequeño de la familia González?

Elabora una lista de herramientas técnicas que podrías utilizar


Una vez te hayas dado el tiempo de reflexionar y prepararte siguiendo las pautas que antes enumeré, te conviene hacer una lista de las herramientas técnicas que podrías utilizar para escribir la novela. Esto es como echar a la maleta todas esas cosas que necesitarás llevar contigo porque, tarde o temprano, tirarás de ellas. Sólo cuando sabes qué tipo de viaje realizarás, puedes elegir mejor las herramientas que llevarás y usarás. No tiene sentido llevarse un bañador al Polo Norte, o un abrigo nórdico al Caribe. Piensa, ¿qué tipos de narrador podrías usar para contar la historia que estás a punto de convertir en novela?, ¿qué estructura podría tener?, ¿qué ritmo y tono le darás? Aunque luego puedas requerir otras herramientas, siempre es mejor empezar el camino reconociendo cuáles son las herramientas que probablemente uses con mayor intensidad y frecuencia. Sobre la marcha podría surgirte la necesidad de echar mano de otras herramientas, pero antes de empezar, reflexiona sobre cuales son las que ahora crees que usarás más. Si en el Polo Norte, un día terminas en un espléndido spa que tiene piscina con aguas termales, seguramente podrás comprar por allí un bañador.


Quizá se me quedaron un montón de cosas en el tintero, pero después de estas recomendaciones, estoy seguro de que estarás más preparado y disfrutarás mucho más de la aventura que estás a punto de emprender. ¿Qué haces aún leyendo? ¡A trabajar se ha dicho!

Israel Pintor.

Busco escritores para publicar un libro



Bases


Convocatoria exclusiva para entrar al Curso Intermedio del Taller de Escritura Creativa
  1. Puedes responder a la presente convocatoria si eres mayor de 18 años, no has realizado ningún curso del Taller de Escritura Creativa y tienes interés en reconocer y practicar los diferentes tipos de narrador que existen.
  2. Habrás de inscribirte rellenando el formulario de nuestro blog. Plazas son limitadas. Se dará prioridad según orden de inscripción.
  3. Deberás abonar el importe de la matrícula, usando Pay Pal o con una transferencia bancaria.
  4. Si asistes a todas las clases, sin excepción, y escribes un cuento por semana (12 cuentos en total), cumpliendo con las normas del género y la técnica que conocerás en el curso, podrás elegir entre dos premios: A) La devolución total de la matrícula, a través de un vale para entrar gratis al Curso Avanzado. B) La publicación de tus cuentos en una antología, que será distribuida internacionalmente a través de IBEROAMÉRICA EBOOKS, que tiene un valor de 228,13€
  5. Esta convocatoria no es compatible con ninguna otra promoción del Taller de Escritura Creativa.
  6. Cualquier aspecto no resuelto en esta convocatoria se solucionará a través de correo electrónico: israelpintorm@yahoo.com

Cómo hacer que una historia funcione


Alguna vez te has cansado de escribir y, al revisar el resultado has dicho: “algo falla”. Te rascas un poco la cabeza y respiras profundo. Intuyes que, a pesar de usar un estilo ágil o de esforzarte por construir frases divertidas y sintácticamente correctas, la historia simplemente no funciona. O podría haberte pasado que, empiezas a escribir con mucho entusiasmo, pero al cabo de una hora o dos, terminas más bloqueado que la fosa nasal de un niño resfriado. Si es así, el post de hoy puede que te ayude a resolver ese problema. Cuando eso pasa, es que al relato que construyes le falta corazón. Sólo cuando un relato tiene corazón se le puede llamar historia. De modo en en esta entrada te explicaré cómo asegurarte de darle a tus relatos corazón, es decir, de cómo hacer que tus historias funcionen porque tienen corazón y ese corazón late.

Este es un problema frecuente entre mis alumnos del Curso de Iniciación del Taller de Escritura Creativa. “Me obligué a escribir toda la mañana y sentía que estaba escribiendo por escribir, sin rumbo, hasta que no pude seguir más, llegué a una especie de callejón sin salida”, me explicó uno de ellos, frustrado. Yo había pedido al grupo que soltaran la muñeca, es decir, que practicaran la escritura automática de manera que se acostumbraran a producir en abundancia, pues la mayoría de las veces, los alumnos principiantes no están habituados a confrontar sus ejercicios a un proceso de revisión y corrección, en el que casi siempre se quita más texto del que se pone. Aún no nos habíamos detenido a reconocer cuáles eran los aspectos que construyen una historia, por eso no me alarmé, pero reconocí que era el momento justo para introducir el tema. Y esto fue lo que discutimos, más o menos:


¿Qué hace a Breaking Bad una de las mejores series en la historia de la televisión? Puede que la respuesta a esa pregunta sea mucho más profunda, pero yo pienso que gran parte de ese mérito lo tiene porque su guión es magistral. O sea, que la historia que cuenta es perfecta y, se le mire por donde se le mire, no hay forma de ponerle pegas. Nótese que no he tocado ningún otro aspecto constitutivo de la serie, pero eso no significa que también sea buena porque las interpretaciones son geniales o porque el lenguaje audiovisual y su estética son estupendos. 

Voy a usar de Breaking Bad sólo algunos aspectos, aunque de esa serie se puede analizar mucho. Si eres fan, te recomiendo la lectura de Breaking Bad 530 gramos (de papel) para serieadictos no rehabilitados, editado en 2013 por errata naturae. Pero si no conoces la serie, no te preocupes, igualmente comprenderás lo que voy a explicar. Los aspectos que usaré de Breaking Bad son aquellos que me ayudarán a identificar su esquema actancial principal, según la escuela de William Laiton (¿Por qué? Trampolín del actor, Fundamentos, 1990), y las enseñanzas de Robert McKee (El guión, ALBA, 1997). ¡Tranquilo! No entres en pánico, te lo voy a poner fácil, ya lo verás. Pero es importante que conozcas las referencias, de modo que más adelante puedas consultarlas y ampliar información.

¿Por qué Breaking Bad es una historia que funciona? ¿Qué la hace funcionar y ser perfecta? Y, ya que lo he sacado a cuento, ¿qué cosa es el esquema actancial de una historia? y, si he dicho principal, ¿significa que una historia puede tener más de un esquema actancial? Vale, como se acumulan las preguntas, iré paso a paso, desde el comienzo.


Por qué funcionan las historias, por qué funciona Breaking Bad


La serie cuenta la historia de un profesor de Química que, en la segunda mitad de sus años cuarenta, le diagnostican cáncer terminal. Walter White, así se llama el prota, es un hombre tranquilo que siempre se ha comportado de modo correcto, tiene una familia compuesta por un adolescente retrasado que usa muletas para caminar, una esposa cariñosa y controlador que siempre ha llevado las riendas del hogar y una bebé que está por nacer. Cuando Walter recibe el diagnóstico, como reaccionaría cualquiera, se viene abajo y entra en pánico. Se da cuenta de que le queda poco tiempo de vida y, haga lo que haga, morirá. Piensa en su familia y se preocupa por el futuro de sus hijos y de su mujer, quien tendrá que educarlos ella sola. ¿Qué puede hacer un hombre en su situación? Va a morir de cualquier modo, ¿no? Si hay alguna forma de procurar que su familia tenga un futuro mejor, debe actuar ya, sin pérdida de tiempo, y hacer algo que le permita morir en paz, asegurándose de que el futuro de su familia estará, al menos, cubierto económicamente. ¿Cómo resistirse ante un planteamiento así? Si después de conocer esto no te enganchas a la historia y te preguntas: ¿qué hará Walter ahora?, es que eres de palo o estás distraído. 

Una vez que Breaking Bad plantea la historia, nos sorprende diciéndonos: para dar a su familia estabilidad económica y cubrir todos sus gastos durante el resto de su vida, Walter White decide convertirse en narcotraficante de metanfetaminas, ayudado por uno de sus ex alumnos que es ahora un yonqui metido en el mundo de las drogas. Si antes el planteamiento había sido capaz de despertar tu interés, ahora estás completamente enganchado y te preguntas: ¿lo conseguirá?

Si una historia consigue consigue despertar el interés desde el principio, entonces funciona y funcionará siempre, tome el rumbo que tome. Te he compartido sólo el inicio y el planteamiento de Breaking Bad. La serie tiene cinco temporadas. Si no la has visto podrás entretenerte un montón con el desarrollo y evolución de la aventura, que no tiene desperdicio. Pero, ¿cómo es que los guionistas de Breaking Bad han conseguido hacer esto? ¿Cómo puedo hacer que mi propia historia funcione desde el principio y yo no llegue al temido bloqueo? Vamos a profundizar un poco más y a reconocer algunos conceptos básicos que un narrador debe dominar para construir historias.


¿Qué es un esquema actancial? ¿Cuál es el esquema actancial de Breaking Bad?


La información que contiene un esquema actancial generalmente se ubica en el planteamiento de una historia, si contemplamos el planteamiento estructural aristotélico, donde hay un inicio, un planteamiento, un desarrollo, un clímax y un desenlace. 

El esquema actancial no es otra cosa que un esquema que permite al narrador reconocer los principales elementos que impulsan el drama en las historias, es decir, la acción. De ahí el término “actancial”. Para componerlo hay que responder a la pregunta: ¿quién quiere qué y de qué manera? Y completar con la respuesta a las preguntas: ¿por qué lo quiere?, ¿porqué no puede esperar a tener lo que quiere?

En resumen, un esquema actancial se compone por los siguientes elementos: 1) personaje protagonista, 2) objeto de deseo del personaje protagonista, 3) fuerzas antagonistas que se oponen al protagonista en su esfuerzo por alcanzar el objeto de deseo, 4) motivos del protagonista para conseguir su deseo (también llamado leitmotiv); y 5) razones por las que el protagonista no puede esperar a conseguir su deseo.

Protagonista + Objeto de deseo + Motivación + Urgencia + Fuerzas antagonistas = Esquema actancial.

Una historia larga puede tener más de un esquema actancial. Lo común es que las historias largas, las novelas, por ejemplo, tengan un esquema actancial principal, que determina la línea dramática más importante; y uno o varios esquemas actanciales secundarios, que determinan líneas dramáticas menos importantes: las llamadas subtramas. Un historia corta, tiene regularmente un solo esquema actancial.



¿Cómo hacer que mi propia historia funcione?


Si quieres tener la certeza de que tu historia funcionará, tome el rumbo que tome, es bueno que identifiques todos esos elementos, incluso antes de ponerte a escribir. Si lo haces, te ayudarás bastante y no tendrás motivos para bloquearte o quedarte a medio camino. Es muy simple: si un personaje sabe lo que quiere, hay dos alternativas: lo consigue o no lo consigue. El problema de la inmensa mayoría de los personajes, en las historias de mis alumnos principiantes, es que no saben exactamente qué es lo que quieren y, peor aún, a veces el autor tampoco sabe quién es el personaje protagonista de su relato. Si tu protagonista sabe qué es lo que quiere, entonces puede luchar por conseguirlo. La historia terminará en el momento en que lo consiga, o no. Es como tener un punto de partida y un destino. Si sabes que ese es el camino, ¿por qué dudar?, ¿por qué frenarse? Tu relato avanzará y conseguirás desarrollarlo hasta el final. Sólo tienes que asegurarte de darle un corazón a tu historia y hacer que ese corazón lata fuerte.

Cuando tienes claro un punto de partida y un destino, sea cual sea el resultado final, tendrás la certeza de que funciona.


¿Cómo doy a mi historia un corazón y hacer que ese corazón lata?


¿Has leído o escuchado esa frase que dice que un escritor sólo puede escribir sobre lo que sabe? El primer paso para dar un corazón a tu historia es hacerte preguntas clave y responderlas, de modo que puedas construir un esquema actancial. Ese esquema puede cambiar y de hecho, la inmensa mayoría de las veces, cambia conforme avanzas en el desarrollo de la historia. Pero si tienes unas bases al comienzo, el recorrido es más fácil y no te pierdes. Es como cuando viajas. Si visitas un país nuevo o un lugar que nunca antes habías visitado, sobre todo si lo haces tú solito (el trabajo del narrador es bastante solitario), antes de emprender el viaje te aseguras de saber dónde dormirás, cuánto te costará el transportarte, qué alimentos podrás ingerir allí y dónde conseguirlos, qué atracciones o detalles del sitio merece la pena visitar, etc. Te informas, ¿no? Pues, ahora que estás a punto de enfrascarte en la aventura de crear una historia que no existe, tienes que prepararte. Échate la mochila al hombro y guarda las siguientes herramientas. Si quieres que tu historia funcione, esto es lo que debes hacer:


Identifica al protagonista


El protagonista de una historia es aquel que actúa y busca conseguir un objetivo. No basta con que su presencia destaque. Podrías escribir una obra en la que destaque un personaje, pero si ese personaje no tiene un deseo y no hace nada por conseguirlo, por muchas páginas que dediques a ese personaje, no adquirirá nunca la categoría de protagonista.

Mis alumnos principiantes son muy dados a construir relatos en los que hay personajes que se duermen una siesta mientras esperan la llamada de la chica a la que aman, o esperan cruzados de brazos en la fila del supermercado a que una señora termine de contar sus monedas de un céntimo. Los personajes protagonistas no esperan, al contrario, tienen prisa y actúan para intentar conseguir, a cualquier costo, su objetivo, sea cual sea. Si tienes claro cuál de tus personajes tiene un deseo y reconoces que es él quien hará o hace cosas para intentar conseguirlo, entonces has identificado al protagonista.

El personaje protagonista de Breaking Bad es Walter White.


Identifica el objeto de deseo de tu protagonista


Define la naturaleza de su objetivo. ¿Qué quiere? ¿Un coche? ¿Una novia? ¿Viajar a través del espacio? ¿Conseguir que su perro deje de morder sus zapatos? ¿Un millón de euros para asegurar el futuro de su familia? ¿Qué? Entre más específico y claro sea el deseo, más fácil lo tendrás. Ojo, más fácil lo tendrás tú como narrador, no él como personaje protagonista. Si el objeto de deseo de tu protagonista es claro y él mismo sabe lo que quiere, es decir, si es un objeto de deseo consciente, entonces tu tarea al construir el desarrollo de la historia, será ligeramente menos complicada. Podrás decidir con seguridad qué paso dará tu personaje a continuación y, más importante aún, qué obstáculo se le va a oponer. Si el objeto de deseo es consciente, el nivel de complejidad para ti es el más bajo. Y te recomiendo ampliamente que te decidas por esta opción, ya que estás aprendiendo y lo que quieres conseguir es que la historia que estás a punto de escribir, funcione.

Si por el contrario, el objeto de deseo es inconsciente, o sea, si tu personaje no sabe realmente qué quiere. Bastará con que tú lo sepas, aunque eso te dificultará un poco más las cosas. Sólo tu protagonista puede darse el lujo de no saber qué es realmente lo que quiere. Pero tú eres el dueño absoluto del relato que empieza a configurarse y estás obligado a saber qué es eso que realmente quiere tu personaje. El nivel de complejidad para ti, si eliges esta opción, será mayor y, ya que te hace falta práctica, podría terminar convirtiéndose en un obstáculo para cumplir tu meta inicial. Empero, los personajes que no saben realmente lo que quieren, es decir, aquellos que creen que quieren un coche, cuando en realidad quieren sentirse más poderosos para conseguir finalmente enamorar a una chica, aunque son más complejos de manejar y te obligarán a plantear una historia más difícil de controlar, resulta que son los personajes más interesantes y atractivos. Las personas somos así, complejas. Si tu personaje emula en cierta medida esa complejidad humana, será un gran personaje. Pero quizá este no sea un buen momento para ponerte el listón tan alto. 

Si quieres afinar tus habilidades como narrador, te aseguro que siempre es mejor dar pequeños pasos firmes sobre un terreno conocido, que dar grandes saltos sobre un terreno desconocido y fangoso. Cuando menos te des cuenta estarás jugando en el fango sin miedo a quedarte allí atascado, y hasta sabrás cómo convertir el fango en terreno firme.

Finalmente considera que un objeto de deseo evoluciona. Puede mutar y transformarse temporalmente. Para ser el mejor escritor del mundo y ganar el Premio Nobel de literatura, quizá debas primero fijarte el objetivo de ser un maestro de la creación literaria, por ejemplo. La clave para alcanzar una meta, o al menos dejarse la piel intentando conseguirla, es no olvidar nunca cuál es ese objetivo final. Tiene que suceder eso a tu personaje protagonista.

El objeto de deseo de Walter White, al menos al comienzo de la historia, es conseguir dinero suficiente para dejar cubiertos los gastos de vida y estudios de su familia.

Si has llegado hasta aquí y has identificado en tu propia historia todos los elementos antes mencionados, podríamos decir que ya tiene corazón. Vas por buen camino. Ahora falta que ese corazón lata. Si late, entonces conseguirás que la historia funcione. Para que el corazón de tu historia lata debes:


Identificar los motivos por los que el protagonista está dispuesto a conseguir su objeto de deseo: llueve, truene o relampaguee


Si tu personaje no se siente impulsado por una fuerza superior que lo empuje a la acción, entonces no tienes aún los elementos necesarios para hacer que tu historia funcione por completo. Los personaje protagonistas necesitan motivos para actuar. ¿Por qué buscar trabajo si mi familia me mantiene? ¿Por qué viajar a la India si puedo conocer todo acerca de ese país a través de Internet? ¿Por qué conseguir tanto dinero como para dejar cubiertos los gastos de mi familia por el resto de sus vidas?

A Walter White le han diagnosticado cáncer. Sabe que morirá. Y que si no actúa, su familia podría tener muchas complicaciones en el futuro y él, tarde o temprano, dejará de tener la oportunidad de hacer algo al respecto.


Identificar la razón por la que el protagonista debe conseguir su objeto de deseo lo antes posible. ¿Cuál es su urgencia?


White lo tiene claro. Si no consigue la pasta ya, morirá antes de que su familia tenga el dinero suficiente para subsistir sin él. Este es el grado de urgencia que conviene asignar a nuestro personaje protagonista. Sólo cuando tiene prisa por conseguir su objetivo es que no se echa a dormir la siesta mientras la chica a la que ama, se decide a llamar por teléfono, o espera cruzado de brazos a que la viejita del supermercado cuente todos sus céntimos y pague la cuenta. En la vida real, lo cívico y lo normal es actuar con mesura. En la ficción, entre más extravagantes, locas y divertidas sean las situaciones en las que actúa un personaje, más disfrutamos. 

La urgencia es importante. Muy importante. Ella procurará que nuestra historia tenga un ritmo ágil, es decir, que la progresión de las acciones sea constante, inclusive rápida. Seguro que te has topado con un cuento o una novela que te produjo sueño antes de terminar de leer. ¿A caso quieres que tus lectores se duerman con lo que escribes?


Identificar las fuerzas antagonistas que se opondrán al protagonista


Sólo cuando imagines toda la historia, es decir, cuando conozcas todos los acontecimientos y acciones que la van a componer, hasta el punto en que tu personaje consigue o no su objeto de deseo, sólo entonces podrás reconocer si los obstáculos que se le oponen son suficientes o necesitas ponérselo más difícil. Si al revisar tus ideas reconoces que tu personaje consigue muy pronto su objeto de deseo, súmale obstáculos. Es lo mismo si no consigue su deseo, es decir, aunque no lo consiga debe tenerlo difícil, el reto, si no va a conseguir su meta, es que hagas pensar al lector que lo más seguro es que sí la alcanzará. La cuestión es, termine como termine tu historia, que debes construir un relato en el que el protagonista tenga que sudar bastante antes de concluir. De lo contrario, lo que habrás construido, en lugar de una historia, es un planteamiento. Recuerda, las historias tienen inicio, planteamiento, desarrollo, clímax y desenlace. 

Los elementos que te ayudarán a construir un esquema actancial, es decir, aquellos aspectos con los que podrás darle corazón a tu historia y hacer que ese corazón lata, son sólo unas cuantas herramientas necesarias que te asegurarán su funcionalidad. Breaking Bad tiene cinco temporadas y, el planteamiento general de la historia que cuenta la serie, constituye tan solo parte de los primeros dos capítulos. Hazte una idea.


¡Listo! Ahora tu historia funciona. Pero, ¿has pensado en su estructura?, ¿con qué tipo de narrador vas a escribirla?, ¿sabes ya cómo se relacionarán los personajes entre sí, qué función tienen dentro de la historia?, ¿qué antecedentes biográficos tienen o en qué época se ambientará? ¿No? Tal vez quieras profundizar en ello a través del Curso de Iniciación del Taller de Escritura Creativa. Qué… ¿te animas? ¡Inscríbete!

Israel Pintor.

Cómo elegir el tipo de narrador que tu relato necesita y no ceder al capricho técnico


¿Cuántas veces has pensado que sería genial escribir un relato que empiece por el final y termine por el principio? O escribir un relato candente, inspirado en uno de los momentos íntimos más apasionantes de tu vida, y para ello decides usar la cómoda y distante tercera persona, por si el lector cae en la tentación de confundirte con el protagonista. ¿Cuántas veces, sin darte cuenta, te has deslumbrado con los fuegos artificiales de la técnica narrativa?

Me gusta pensar en la técnica narrativa como si se tratase de fuegos artificiales que lucen, hermosos, en el cielo de una noche oscura. Son espectaculares, embelesan y tienen la gracia de iluminarlo todo, al menos durante unos minutos. Crean figuras en el cielo, figuras que pronto se desvanecen y dejan apenas la estela de su pólvora. Casi como sucede con las historias que leemos y pronto olvidamos, dejándonos en la boca un buen o mal sabor, así como un cúmulo de sensaciones en el pecho. Las historias, como los efectos que producen los fuegos artificiales, son capaces de iluminarnos, al menos durante el tiempo de lectura, y de hipnotizarnos cuando el autor que las creó fue lo suficientemente astuto como para hacerlas bellas y profundas. Nuestra mente, en este caso, es como la noche oscura en la que estallan los fuegos artificiales. Pero, ¿y las historias? Si los fuegos artificiales son la técnica narrativa con que se ha escrito una historia. ¿Qué serían las historias en la metáfora que construyo? Pólvora. Y ¿A caso la pólvora por sí sola es capaz de crear esas hermosas figuras en el cielo oscuro? Las historias necesitan de la técnica para iluminarlo todo, como la pólvora necesita de la manipulación para convertirse en fuegos artificiales, para terminar iluminándolo todo.


La técnica narrativa es tan emocionante y deslumbrante, al menos para quienes sentimos pasión por la creación literaria, que muchas veces emborracha (sobre todo cuando estamos comenzando a formarnos). Nos olvidamos de la materia prima: el drama, la acción. Y nos concentramos en el brillo y espectacularidad de los fuegos artificiales. Sin tener apenas historia ya la imaginamos generando uno u otro efecto en el lector, explotando en el cielo oscuro y produciendo en quien la contempla una sensación similar a mearse en los pantalones de pura emoción. ¡Normal! Leemos autores como Julio Cortázar, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges o Andrés Newman (el único vivo de los citados, y al único cuentista actual que me atrevo a poner al mismo nivel) y sentimos que los calzones se nos caen y un chorrito de agua caliente resbala por nuestras piernas. La belleza con la que enlazan una frase tras otra, modelando una estructura perfecta, capaz de contar una historia extraordinaria, de una forma extraordinaria, produce la inevitable reacción de aspirar a escribir como ellos, aunque sea un solo relato. Y es entonces cuando sucumbimos a la tentación de ceder al capricho técnico.

Esto pasa con muchos aspectos del diseño narrativo. En la entrada del artículo mencioné la estructura. Éste es quizá el aspecto que más deslumbra, el que más quebraderos de cabeza puede producirte si decides escribir un relato a lo Cortázar o a lo Borges. Pensando en la estructura te sumerges en un abismo de pretensiones que no hacen más que nublarte la vista y distraerte de aquello que da sentido al ejercicio del narrador: la historia, la acción, el drama. La materia prima con la que darás forma a tu obra. Y otro de los aspectos del diseño narrativo que suele atraer con intensidad nuestras pretensiones técnicas como narradores en formación, es el tipo de narrador o, como suelen llamarla algunos profesores de escritura creativa con los que tomé clase alguna vez: la voz narrativa. Sobre ello me enfocaré ahora, procurando compartir contigo algunos consejos prácticos que te ayudarán a escribir un relato usando el mejor tipo de narrador posible, sin ceder a tus caprichos técnicos o pretensiones estéticas, o bien, sin dejarte deslumbrar por los fuegos artificiales, que es lo mismo.

Pierde el miedo a que el lector te identifique con el narrador o con el personaje protagonista, conservarlo es una verdadera pérdida de tiempo



Para empezar deberías considerar lo siguiente: a los lectores nos encanta el chismorreo. Somos tan cotillas como lo son los espectadores de cualquier programa de televisión de prensa rosa. La única diferencia es que sentimos curiosidad por la vida de los autores a los que leemos, y nos da exactamente igual si Belén Esteban regresó o no con su novio. Pero lo cotilla no nos lo quita nadie. Y cuando escribo de nosotros también te incluyo a ti, creador. Porque antes de ser creador eres lector. Y si niegas el morbo natural que te nace sobre la vida de los autores que lees, mientes. Es así. Una realidad contra la que no puedes hacer absolutamente nada, ni quieres hacer absolutamente nada. Porque, ¡noticias de última hora! Ese cotilleo del lector forma parte del juego del arte. ¿Quién no se ha sentido curioso por las vida de Lorca, Kafka o Wilde?

Una vez aceptes que los lectores siempre querrán saber sobre tu vida como creador y, más concretamente, que siempre se preguntarán si lo que has escrito es algo que realmente ha sucedido o te ha sucedido, lo que debes hacer es limitarte a escribir y reconocer que eso es un gaje del oficio. Todo el mundo sabe, y quien no lo sepa terminará por enterarse, que una voz narrativa o un personaje no son lo mismo que un autor; a menos de que el autor reconozca abiertamente que la historia narrada es autobiográfica, la identificación entre sujetos no debe hacerse. Así como un periodista tiene licencias para hacer su trabajo, como reservar sus fuentes, por ejemplo; un autor también tiene licencias para hacer su trabajo como narrador de ficciones, entre las que se encuentra el derecho a la no identificación de sus personajes o la voz narrativa que utilice, consigo mismo. 

¿Qué grado de implicación tienes con la historia?



El objetivo es reconocer qué tipo de narrador es el ideal para contar nuestra historia. Pues bien, uno de los tips más útiles que suelo compartir con mis alumnos del Taller de Escritura Creativa que coordino desde hace seis años, tiene que ver con el grado de implicación que el propio alumno tiene con la historia que desea contar. Es decir, ¿qué tanto conoces la historia que vas a escribir?, ¿la conoces porque se trata de una anécdota o serie de anécdotas que te sucedieron en carne propia?, ¿la conoces porque te la contó un amigo o le sucedió a una persona cercana?, o quizá, la historia que quieres contar te la ha contado tu abuela y se trata de una aventura amorosa durante su juventud…

Dependiendo de la cercanía o lejanía que el autor guarde con la historia que desea contar, es que debería considerar el tipo de narrador con que va a contarla. Como probablemente ya sabes, los tipos de narradores pueden clasificarse en externos o internos (con respecto al universo ficticio) y, dentro de esas clasificaciones existen narradores en primera, segunda o tercera persona. Dichas personas del plural o singular determinan o marcan indirectamente la distancia que un autor guarda con respecto a la historia que quiere contar. Siguiendo esta lógica, lo natural y conveniente, para facilitarnos el trabajo y procurar que nuestro proceso formativo sea deleitoso, sería elegir la primera persona si el grado de implicación es alto, y la tercera persona si el grado de implicación es mínimo; tiendo como tercera opción (aunque menos común), la utilización de la segunda persona para un grado de implicación medio. O sea, si lo hemos vivido en carne propia: primera persona. Si nos lo ha contado una persona cercana y la anécdota no se remonta demasiado en el tiempo: segunda persona o primera testigo. Si nos lo ha contado una persona no demasiado cercana y la anécdota se remonta mucho en el tiempo: tercera persona.

Por supuesto, lo anterior no es más que una recomendación; la mayoría de las veces, suele ser muy útil para mis alumnos. Consigue que no se bloqueen y puedan manipular con holgura la información con la que construyen el relato.

¿Qué personaje debería contarla?



Si eres un apasionado lector o ya has comenzado tu formación en materia de narrativa, probablemente sepas que todas las historias tienen un personaje protagonista y a veces también tienen personajes principales y secundarios. Pues bien, otro consejo útil a la hora de elegir tipo de narrador, tiene que ver con el punto de vista desde el que la historia debe ser contada. Y ese punto de vista no siempre debería recaer en el protagonista. ¿De qué depende? De cuál es la historia que quieres contar y del efecto que quieres conseguir. Así de simple.

Pero escribir un relato usando el punto de vista de un personaje que no conoces, de un personaje que no te ha dado acceso aún a su mente, es imposible. Y a veces elegimos contar una historia desde el punto de vista de uno o varios personajes, no porque esa sea la forma más adecuada en que deberíamos contar la historia, sino porque eso hemos leído que hacen otros autores y nos ha parecido genial. Buscamos emular y caemos en la tentación del capricho técnico: “Quiero escribir un relato que esté narrado por siete personajes distintos”, por ejemplo. Pero aún no sabes qué es lo que dichos personajes van a contar.

¿Cuál es la historia que estás contando?



No es malo usar como premisa una motivación técnica. Lo malo es esperar que la premisa sola y nuestra pretensión técnica nos lleven a crear un relato en condiciones. Si no conoces la historia que vas a contar, no puedes tomar desiciones acertadas sobre cómo contarla, entre las que se encuentra el tipo de narrador, por supuesto. 

La historia es el barro con que se moldea el florero, sin el barro no hay florero, aunque en la mente del escultor exista, previo al florero, la forma que dicho florero debería tener. Para hacer un florero se necesita barro, y en el intermedio se necesita también saber cómo amasarlo o manipularlo para darle forma posteriormente. El florero es el cuento o el relato. Las historias son el barro y la técnica sería la forma de amasarlo y manipularlo.

¿Cuál es el efecto estético que produce el narrador que vas a utilizar?



Cada tipo de narrador produce un efecto estético distinto. De acercamiento o alejamiento, de grados en la intriga o, inclusive en el grado de profundidad con que puede llegarse a conocer a un personaje de esa historia. Estudiando los tipos de narrador que existen y sus diferentes efectos estéticos, me di cuenta de que los tipos de narrador son para el escritor de ficción como los pinceles al pintor. Si un pintor elige un pincel de brocha gorda, el trazo que conseguirá sobre el lienzo no será igual que si eligiera un pincel de tres o cuatro pelos, ¿verdad? Lo mismo sucede con los tipos de narrador. He reconocido hasta el momento diez diferentes tipos de narrador (técnicas que han sido oficialmente reconocidas o utilizadas por teóricos y narradores), aunque mi intuición creadora me dice que podrían inventarse algunos más (cosa que tal vez un día me atreva a hacer, ya que me gusta jugar con la técnica narrativa). Y con esos diez tipos de narrador identificados, pueden hacerse mezclas. De hecho es lo que la mayoría e los narradores hace: utilizar más de un tipo de narrador en un mismo relato (y siempre lo hace de manera justificada). Es lógico. ¿A caso un pintor utiliza sólo un pincel para crear un cuadro?

Es importante saber cuál es el efecto estético que produce cada tipo de narrador. Para lo cual recomiendo ampliamente su estudio y práctica. Hace unos años comencé a impartir dicha materia en el Curso intermedio del Taller de Escritura Creativa. En dicho curso analizamos obras de grandes narradores del siglo XX, con la intención de aprender de ellos la técnica de un tipo concreto de narrador, para luego ponerla nosotros en práctica escribiendo un cuento o relato. 

Sólo cuando se conoce el efecto estético que produce un tipo de narrador es posible elegir con precisión cuál es la herramienta técnica más adecuada para contar la historia que deseamos convertir en un cuento o un relato. ¿Te gustaría adentrarte en todo esto? Inscríbete en el Curso Intermedio, es ideal para ti.

¿Es más importante la historia o la técnica que se usa para contarla?



No existe un método o fórmula concreta para crear historias y convertirlas en un cuento (o relato), sin embargo, los años de experiencia me han demostrado que supeditarse a la historia y dominar el arte de construirla, antes que dominar la técnica con la que una historia se narra, ayuda mucho a tomar desiciones y resuelve el noventa por cierto de los problemas que debe resolver un narrador si busca escribir un cuento o un relato. Mi recomendación es: supedítate a la historia y terminarás creando un relato técnicamente bello, de manera natural. Y eso aplica también para el tipo de narrador. Pregúntate: ¿qué historia vas a contar? La respuesta a esa pregunta será la clave para tomar desiciones acertadas sobre la forma en que la contarás, entre las que destaca el tipo de narrador.



Israel Pintor.