Google+ Taller de Escritura Creativa de Sevilla: noviembre 2010

Gorrión-piraña, Carlos Sanchís


Cuentan los primero expedicionarios portugueses y españoles que en la parte más septentrional de El Amazonas habitaba un ser extraordinariamente letal. De aspecto amigable, e incluso entrañable, pero con una mandíbula repleta de afilados colmillos y un hambre feroz. Le vinieron a llamar, emparentándolo con otro recién conocido para ellos, el gorrión-piraña. Esta ave carnívora-antropófaga podría arrancar el dedo de un hombre adulto sin demasiado esfuerzo, pero si te ataca una bandada ten por seguro que no quedarán de ti ni los huesos. De este extraño animal solo nos quedan los relatos de aquellos desgraciados cuyas tropas quedaron diezmadas por el ataque de estas aves asesinas, ningún científico en la actualidad ha conseguido atrapar una para incorporarlo a su catálogo de especies conocidas. Pero si alguna vez crees ver uno reza para que halla desayunado bien ese día, de lo contrario no vivirás para contarlo.

Anatomía de un instante, Carlos Sanchís


Padezco una fobia irrefrenable hacia los objetos cortantes. Sobre todo a un tipo en especial, los cuchillos jamoneros. Este no es un miedo de origen inexplicable para el que se necesiten horas y horas y cientos de euros gastados en psiquiatras, sino que parte de un capitulo muy concreto de mi existencia.
El caso es que una de esas largas tardes de soledad en casa, yo siempre he sido un niño “llavero”, cuando contaba con la tierna edad de 13 años, el hambre me movió a intentar abrir uno de esos botes de ketchup que había antes de que se pusiera de moda el “abre fácil”.
Agarré lo primero que vi para efectuar la arriesgada maniobra, uno de esos cuchillos largos y afiladísimos destinados al corte en finas lonchas del manjar ibérico-porcino. Cuando ataqué ese pequeño tapón de duro plástico con mi mano derecha, mientras con la izquierda sujetaba el maldito bote, la resistencia de mi adversario fue menor de la esperada y el escalpelo movido por una fuerza incontrolable se acercaba a mi antebrazo izquierdo mientras yo observaba la escena con la certeza de que el impacto era inevitable a estas alturas, se olía la tragedia. Sentía en ese momento como cada milímetro de mi epidermis se iba desprendiendo del resto de la carne, poco a poco, lentamente… casi se podía oír como la sangre brotaba de la carne desprendida ya de su cubierta como una esponja de ducha que escupe su contenido. Nunca olvidaré el beso del frío acero sobre mi piel, solo la visión de ese instante deja en mi boca una sensación de amargor imborrable y regresa a mí cada vez que veo el más mínimo indicio de repetirse alguna versión de la escena ahora narrada. En ese momento no me desmayé, no lloré, la prematura madurez me lo impidió, pero aquel episodio me dejaría marcado para siempre.

Un golpe de suerte, Aida S. Revenga


Estaba pasando una mala racha, desde la llegada de la crisis, hace 5 años ya, las cosas no iban bien en la empresa, los encargos habían disminuido poco a poco.
Llevaban tiempo detrás de un contrato con una gran firma, pero ella había perdido la esperanza, ese tren había pasado sin parada en su estación.
Como cada mañana, tras dos o tres papeleos de rigor, Rita decide bajar a su cafetería preferida, eso le animará, un buen café en un sitio tan agradable, donde disfrutar y diluirse en el espacio un instante, justo lo que necesita, olvidarse un poco de si misma y observar.
El camarero está hoy especialmente atento, intenta llamar su atención, le ha puesto 2 chocolates con el café en vez de uno como cada día, pero ella no está para esas batallas, no esta mañana.
A la vuelta a la oficina, piensa si es sólo la desilusión por el declive de la empresa, creada con tanto amor, lo que provoca ese hastío o es la rutina y la falta de nuevos estímulos.
Se siente dentro de una preciosa jaula de cristal.
Se ve a si misma, tiempo atrás, su vida era más inestable pero más feliz. Quizá si se desvinculará de la empresa se sentiría mejor, pero entonces ¿Carlos?
Él es muy buen ilustrador, incluso mejor que ella, y ahorrando una nómina al mes podría resistir mientras no mejorara la situación.
¿Y ella? ¿A donde dirigir sus pasos?
Justo entra por la puerta en esas ensoñaciones, cuando Carlos se abanlanza sobre ella.
--“ Rita no te lo vas a creer, esto es increible”-
Carlos casi no puede hablar, está tan excitado, se ahoga con su propio aliento.
-- “ !Estamos salvados¡, no más quebraderos de cabeza”
--” ¿Que ocurre?, ¿nos han pagado el trabajo del museo? Porque iba siendo hora” comente yo.
--” No muchisimo mejor Rita, simplemente no tenemos que volver a hacer nada, sino queremos no tenemos que volver a trabajar”-
--” Explícalo Carlos porque no estoy entendiendo nada”-
--”Si si, no soy capaz ni de pensar con claridad, perdona. El abogado de Abraham ha llamado hace un momento, ¿te acuerdas de él?”
--”si claro, el señor alto con bigote que le visitaba a veces y ¿Que quería?”
--” Rita, decirnos que según el testamento de Abraham somos los herederos de una 3 parte de su patrimonio, aún no me lo creo”
--”¿Como puede ser? Si nosotros solo compartimos el portal con él.
Si si, cada mañana se pasaba por la oficina a charlar un rato y a veces le hacíamos recados, !como era tan mayor¡, pero de eso, a dejarnos herencia, me parece una locura. ¿Y tu que le has dicho, Carlos?”
--”Que me parecía raro, le he preguntado si no tenia parientes cercanos. Tambien le he dicho que estamos encantados de recibirlo, no vamos a ser desagradecidos ¿no?”

Rápido mi cabeza, sola, empieza a hacer cálculos, números vuelan en ambas direcciones, sumas, multiplicaciones,divisiones..sabía por los vecinos, la gran fortuna poseída por Abraham, sin contar con los numerosos inmuebles dispersos por toda barcelona, así que nos había tocado como mínimo el gordo de Navidad.
Pienso en todas esas cosas que metía siempre en mi “lista de cuando tenga ahorros”, mi querido viaje a Asia, las nuevas colecciones de invierno apenas colocadas en los escaparates, un coche, un apartamento para mí sola y a mi gusto... salto a mis familiares, sacar a mis padres de sus hipotecas varias, a mi hermana un buen pellizco para la casa, mis tíos.. luego mis amigos, los llevaría a un festival de música que fue la niña de mis ojos por un tiempo, un festival en Cardiff, esta vez nosotros decidiríamos el cartel, los grupos que siempre nos han gustado, costase lo que costase, eso si que sería el regalo perfecto para una pandilla de adictos a la música como nosotros, aunque tendría que convencerlos y lidiar con todas sus responsabilidades, me apañaría...mi pensamiento salta a Abraham, ¿Cual era el motivo?,¿Quería que hiciéramos algo por él ahora?, ¿Porque a nosotros?
Le tenía mucho cariño y era mutuo, pero aún así, dejarnos herencia era algo  totalmente extraordinario.
Suena el teléfono,  vuelvo en sí, veo a Carlos hablando a lo lejos y percibo una gran mueca de desagrado casi dolor en su rostro, acto seguido lanza el auricular y se tira al suelo sollozando con amargura.
--”¿Que ocurre Carlos ? ¿Que pasa?. Hoy me vas a matar de un susto”.
Carlos apenas balbucea “Rita se ha ido al carajo, estaba arruinado, arruinado..” sigue llorando “lo único que nos ha dejado al final es Didi, su perro enano, el perro más antipático de toda la zona..No me lo puedo creer” y continua con su sollozo.
Yo suelto una inmensa carcajada, una risa de loca total, emana como un torrente y no puedo parar.
(En este momento entiendo porque nunca, desde pequeña, he creído en las historias con un final feliz.)

En mi salón, Aida S. Revenga


Mi sitio de escritura hoy, es mi nuevo salón, el salón recién estrenado de mi casa.
En este momento, mi novio cocina bailando al ritmo de Jonathan Richman y Mipa me hace su bajada de pestañas especial, su mejor táctica para conseguir algo de comida distinta a sus secas croquetas de perro de ciudad. Mientras, yo observo a mi  alrededor.
El salón-cocina es un espacio amplio, altos techos y una luz muy agradable en la noche, enfatizada por el color blanco roto de las paredes, una tonalidad muy hogareña,al menos para mi.
La cocina está encuadrada en la pared opuesta a la de la puerta de entrada y de la única ventana de esta sala, así durante el día es un pelín tristona por oscura, pero a veces abrimos la puerta de la calle, a modo de costumbre de pueblo y la estancia se transforma llenandose de este sol tan andaluz.
La cocina es de madera, metal y encimeras de mármol, con una de esas campanas en forma de chimenea de moda últimamente. En un lateral está la gran escalera de caracol, por donde ascender hacia el resto de la casa. La escalera es una presencia importante en este salón, nos habla de la existencia de otras salas y espacios posibles.
Me sitúo justo en frente de la cocina en la mesa de pino del comedor que comparto con mis otros miles de papeles, el portátil y algo de comida.
A un lateral está la perrita sobre su cama, su posesión más apreciada cuando llega el frío. Viene una y otra vez, a reclamar mi atención y mis caricias.
Al otro, justo a mi derecha, se encuentra el ricón de la música donde sobre un mueble de cristal tienen cabida  el equipo y mi antiguo tocadiscos pioneer, junto a Lps que hemos ido encontrado en nuestro devenir vital.
En mi espalda, el resto del salón, muy desordenado por cierto, reflejo exacto de la vida un tanto ajetreada de los habitantes de la casa.

Elvis, me inspira para organizar el nuevo escrito, donde el ganar una herencia es el pretexto para dejarnos llevar, entonces  transformaré mi salón en un amplio loft con vistas, o en un barco en alta mar, quien sabe.
 A final la escritura es como la vida, puro cambio, ya sea real o imginario.

Yo soy, Marianela Castilla


Yo soy, ¿por quién?
Yo soy ¿parte de algo?
Yo soy ¿algo que quiero?
Yo soy lo que pocos aún conocen.
Yo soy quien pienso, sin hacerlo.
Yo soy aún propuesta, todavía proyecto.
Yo soy, qué más da, mi tiempo.
Yo soy aquí y ahora, sin el momento.
Yo soy, cabeza atrapada entre antes y luego, sólo un tiento.
Yo soy quien no sé.
Yo soy quizá, quien no me atrevo.
Yo soy distinta y esencia igual.
Yo soy contradicción posible, porque vivo.
Yo soy, igual, yo soy, lo que dicen que soy.
Yo soy, vacíos sin llenar.
Yo soy, frente a ti, lo que tú piensas que soy, ¡qué remedio!
Yo soy, no sé si quiero saberlo.
Yo soy, al menos, capaz de dejarme en paz.
Yo soy, qué se yo, puede que ya lo sea, pero que no lo sepa y me lleve pensándolo hasta que muera.
Yo soy, ahora, lo que ves, ¿puedes decirme si yo soy?
Yo soy un espacio ocupado aquí...si me muevo, si me voy, ¿soy la misma ocupando otro espacio allí?